H. P. LOVECRAFT – HONGOS DE YUGGOTH -Poemas de la naturaleza

OCEANUS
A veces me detengo en la orilla
Donde las penas vierten sus flujos,
Y las aguas turbulentas suspiran y se quejan De secretos que no se atreven a contar. Desde
las simas profundas de valles sin nombres, Y desde colinas y llanuras que ningún mortal
conoce, La mística marejada y el hosco oleaje Sugieren como taumaturgos malditos Un millar
de horrores, henchidos por el temor Que ya contemplaron épocas hace tiempo olvidadas. ¡Oh
vientos salados que tristemente barréis Las desnudas regiones abisales;
Oh pálidas olas salvajes, que recordáis El caos que la Tierra ha dejado tras de sí;
Una sola cosa os pido:
Guardad por siempre oculto vuestro antiguo saber!
NOSTALGIA
Cada año, al resplandor melancólico del otoño, Los pájaros remontan el vuelo sobre un océano
desierto, Trinando y gorjeando con prisa jubilosa Por llegar a una tierra que su memoria
profunda conoce. Grandes jardines colgantes donde se abren flores De vivos colores, hileras
de mangos de gusto delicioso Y arboledas que forman templos con ramas entrelazadas Sobre
frescos senderos…todo esto les muestran sus vagos sueños.
Buscan en el mar vestigios de su antigua costa, Y la alta ciudad blanca, erizada de torres…
Pero sólo las aguas vacías se extienden ante ellos, Así que al fin dan media vuelta una vez
más. Y mientras tanto, hundidas en un abismo infestado de extraños pólipos, Las viejas
torres añoran su canto perdido y recordado.
MADRE TIERRA
Una noche, paseando, descendí por el talud De un valle profundo, húmedo y silencioso, Cuyo
aire estancado exhalaba un tufo de podredumbre Y una frialdad que me hacían sentir enfermo
y débil.
Los árboles numerosos a cada lado
Se cernían como una banda espectral de trasgos, Y las ramas contra el cielo menguante
Tomaban formas que me daban miedo, sin saber por qué.
Seguí avanzando, y parecía buscar
Alguna cosa perdida como la alegría o la esperanza, Pero pese a todos mis esfuerzos no pude
encontrar Más que los fantasmas de la desesperación.
Los taludes se estrechaban cada vez más,
Hasta que pronto, privado de la luna y las estrellas, Me vi comprimido en una grieta rocosa
Tan vieja y profunda que la piedra Respiraba cosas primitivas y desconocidas. Mis manos,
explorando, intentaban rastrear Los rasgos del rostro de aquel valle, Hasta que en el musgo
parecieron encontrar Un perfil espantoso para mi mente.
Ninguna forma que forzando los ojos Hubiera podido ver, habría reconocido;
Pues lo que tocaba hablaba de un tiempo Demasiado remoto para el paso fugaz del hombre.
Los líquenes colgantes, húmedos y canosos, Me impedían leer la antigua historia;
Pero un agua oculta, goteando tenuemente, Me susurraba cosas que no habría debido saber.
“Mortal, efímero y osado,
En gracia guarda para ti lo que cuento, Pero piensa a veces en lo que ha sido, Y en las escenas
que han visto estas rocas desmoronadas;
En conciencias ya viejas antes de que tu débil progenie Apareciese en una magnitud menor, Y
en seres vivientes que todavía alientan Aunque no parezcan vivos a los humanos. Yo soy la
voz de la madre tierra, De la que nacen todos los horrores.”

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